No resulta inmediato establecer una conexión entre medicina y música, dada la dispar naturaleza entre estas disciplinas. Sin embargo, ambas combinan ciencia y arte para un mismo fin: aliviar el sufrimiento humano. Desde enfoques distintos, aportan al bienestar completo del individuo, con una influencia positiva sobre la salud física, emocional y social (Alpert. JS, 2022).
La música ha acompañado al ser humano desde sus orígenes, aunque su estudio como disciplina científica no surge hasta el silo XIX con la publicación en 1879 del artículo «Music Physically Considered» (Consideración Física de la Música) en la revista Columbian. Este texto, pionero en su campo, sentó las bases para el desarrollo de las terapias musicales y sus futuras investigaciones. Posteriormente, durante el transcurso de la Primera y la Segunda Guerra Mundial se consolida como profesión para hacer frente a los heridos de guerra. Este hito impulsa la institucionalización de esta disciplina como enseñanza universitaria, creándose el primer programa académico en la Universidad Estatal de Míchigan en 1944, destacando en su desarrollo figuras como Margaret Anderton y Everett Thayer Gaston (Bhandarkar. S et al., 2024).
Las intervenciones basadas en el uso de la música pueden diferenciarse en dos modalidades: medicina musical o musicoterapia. La medicina musical se centra en la aplicación o escucha pasiva de la música en contextos clínicos y es llevada a cabo por profesionales de la salud (de Witte. M et al., 2022). Por su parte, la musicoterapia implica un proceso terapéutico activo guiado por un musicoterapeuta capacitado, que emplea intervenciones musicales más complejas, pasivas y activas, como herramienta para alcanzar objetivos clínicos específicos (Gramaglia. C et al. 2019).
El ritmo, la melodía o la armonía son elementos de la música capaces de alterar funciones corporales y aspectos emocionales, cognitivos y fisiológicos del ser humano (Bradt. J et al., 2021). Su capacidad para evocar una amplia gama de emociones y activar regiones cerebrales corticales y subcorticales, les permite modular procesos como el control sensoriomotor, el dolor, la estimulación mental, la atención-percepción, la memoria, la imaginación o la comunicación (Andrade. PE & Joydeep. B, 2018); así como regular los niveles de cortisol, frecuencia cardíaca y presión arterial, entre otros (Dong. Y et al., 2023).
De esta manera, el poder de la música parece no tener límites, dado su impacto en las múltiples dimensiones del ser humano, por lo que es empleada en diversos contextos terapéuticos como el cáncer (Li. Y et al., 2020), fibromialgia, trastornos de ansiedad y depresión, síndrome de fatiga crónica, problemas de salud mental, neurorrehabilitación e incluso cuidados paliativos (Zhi. Y et al., 2024).
Debe tenerse en cuenta que, dependiendo de variables como el género musical, el tempo, la tonalidad, el contexto sociocultural y la relación que el oyente establezca con la obra, estas respuestas pueden variar ampliamente. Composiciones rápidas y rítmicas pueden aumentar la activación motora, mientras que piezas lentas y armoniosas tienden a generar mayor relajación y disminución de la frecuencia cardíaca; en el plano emocional, la música puede evocar recuerdos y despertar emociones intensas de placer, alegría, entusiasmo y bienestar, o evocar tristeza, nostalgia o inquietud. Esta dualidad no representa una contradicción, sino que evidencia la riqueza expresiva de la música y su conexión con la subjetividad humana (Cowen. AS et al., 2020).
Con todo ello, la música representa un recurso muy valioso en el ámbito sanitario al favorecer el equilibrio emocional, mental y corporal del paciente. Su aplicación controlada en entornos clínicos demuestra que, más allá de su valor artístico, puede desempeñar un papel relevante en la mejora de la salud y el acompañamiento terapéutico, abriendo nuevas posibilidades para una atención más humana e integral. ¡En cada nota, una chispa de vida!
Referencias
- Alpert JS. ¿Medicine and music – is there a connection? Am J Med. 2022;135(6):663–4. http://dx.doi.org/10.1016/j.amjmed.2021.11.003
- Bhandarkar S, Salvi BV, Shende P. Current scenario and potential of music therapy in the management of diseases. Behav Brain Res. 2024;458(114750):114750. http://dx.doi.org/10.1016/j.bbr.2023.114750
- de Witte M, Pinho A da S, Stams G-J, Moonen X, Bos AER, van Hooren S. Music therapy for stress reduction: a systematic review and meta-analysis. Health Psychol Rev. 2022;16(1):134–59. http://dx.doi.org/10.1080/17437199.2020.1846580
- Gramaglia C, Gambaro E, Vecchi C, Licandro D, Raina G, Pisani C, et al. Outcomes of music therapy interventions in cancer patients-A review of the literature. Crit Rev Oncol Hematol. 2019; 138:241–54. http://dx.doi.org/10.1016/j.critrevonc.2019.04.004
- Bradt J, Dileo C, Myers-Coffman K, Biondo J. Music interventions for improving psychological and physical outcomes in people with cancer. Cochrane Database Syst Rev. 2021;10(9):CD006911. http://dx.doi.org/10.1002/14651858.CD006911.pub4
- Andrade PE, Bhattacharya J. Not cure but heal: Music and medicine. Adv Neurobiol. 2018; 21:283–307. http://dx.doi.org/10.1007/978-3-319-94593-4_11
- Dong Y, Zhang L, Chen L-W, Luo Z-R. Music therapy for pain and anxiety in patients after cardiac valve replacement: a randomized controlled clinical trial. BMC Cardiovasc Disord. 2023;23(1):32. http://dx.doi.org/10.1186/s12872-023-03058-5
- Li Y, Xing X, Shi X, Yan P, Chen Y, Li M, et al. The effectiveness of music therapy for patients with cancer: A systematic review and meta-analysis. J Adv Nurs. 2020;76(5):1111–23. http://dx.doi.org/10.1111/jan.14313
- Zhi L, Hou D, Hong Y, Ke M, Zhang Q, Wang Y, et al. Research on music therapy from 2013 to 2022: a bibliometric and visualized study. Front Psychiatry. 2024; 15:1323794. http://dx.doi.org/10.3389/fpsyt.2024.1323794
- Cowen AS, Fang X, Sauter D, Keltner D. What music makes us feel: At least 13 dimensions organize subjective experiences associated with music across different cultures. Proc Natl Acad Sci USA. 2020;117(4):1924–34. http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1910704117